Isbilya: el aceite con raíces en A Coruña y Sevilla que gana medallas en Nueva York, Japón y Corea
Isbilya, aceite andaluz vendido desde A Coruña, exporta a Japón, Corea y EEUU y prepara una masterclass en Japón.
Un proyecto familiar que empezó plantando olivos en 2010 se ha convertido, dieciséis años después, en una marca de aceite de oliva reconocida en mercados tan distintos como Nueva York, Corea y Japón. Se trata de Isbilya, una empresa que produce en el Aljarafe sevillano y comercializa desde A Coruña, y que ahora se prepara para volver a Japón con una masterclass dedicada a su producto.
La historia de Isbilya la ha repasado Teresa Martínez Marini, una de las responsables de la compañía, en el programa Despensa Sonora de Cadena SER. Según relata, el proyecto nació del cruce entre el origen andaluz de su padre, propietario de los campos en el Aljarafe sevillano, y el origen gallego de su madre, lo que llevó a los hermanos a plantear la empresa como un ‘puente entre el norte y el sur’: la producción en Sevilla y la parte comercial y de distribución con base en A Coruña.
De repartir en coche a competir con las grandes marcas
Martínez recuerda que en los primeros años ella y su hermano repartían personalmente las botellas en los restaurantes: ‘Repartíamos en el coche mi hermano y yo. Íbamos uno por uno’, explica. Hoy, dice, ‘solamente vamos a saludar y a comer’, aunque insiste en que el trabajo comercial sigue siendo constante: ‘Tienes que seguir yendo a Madrid, a Barcelona, a todas las plazas grandes, al norte, a Levante, al extranjero’.
El salto internacional de Isbilya se apoya, según explica Martínez, en los premios obtenidos en ferias y concursos fuera de España, entre ellos reconocimientos en Nueva York, Japón y Corea. La responsable de la empresa destaca especialmente la medalla de oro directa conseguida en Nueva York, un premio que, asegura, le ha permitido situarse en ferias internacionales junto a marcas de aceite con décadas de trayectoria: ‘Estás en una feria internacional al lado de aceites de reconocido prestigio, de marcas enormes que llevan toda la vida. Y de repente dicen: ¿Y tú quién eres? Y digo: Yo soy Isbilya. Y te dicen: Tú, la de la medalla de oro’.
Una masterclass en Japón a través de la Cámara de Comercio
El próximo capítulo de esta expansión tiene a Japón como protagonista. Según cuenta Martínez, la compañía ha sido contactada a través de la Cámara de Comercio para regresar al país asiático, donde su aceite tendrá protagonismo en una masterclass. La fuente no precisa fecha ni ciudad concretas para esta actividad.
Mientras avanza en su expansión exterior, Isbilya trabaja ya en un proyecto de oleoturismo en el Aljarafe sevillano, que combinará una instalación industrial de envasado con una futura almazara propia y actividades para que los visitantes conozcan el proceso de producción directamente en el campo, con catas incluidas. La empresa, que actualmente trabaja con una almazara de la zona que presta servicio exclusivo durante su periodo de producción, contempla este proyecto como el siguiente paso de su desarrollo.
¿Qué significa esto para las empresas españolas?
El caso de Isbilya ilustra una vía de entrada en Japón que no depende únicamente de grandes volúmenes o de presupuestos de marketing elevados: los concursos y medallas internacionales (en este caso obtenidas también en Nueva York y Corea) actúan como credencial de calidad que facilita el acceso a ferias y a la atención de compradores en mercados donde la marca es desconocida de partida. Para una pyme agroalimentaria española, competir y ganar reconocimiento en certámenes internacionales puede ser más determinante para abrirse hueco en Japón que la antigüedad o el tamaño de la empresa.
El contacto de Isbilya con Japón a través de una Cámara de Comercio también confirma un canal habitual para pequeñas empresas: estas instituciones intermedian en actividades de promoción como masterclasses o catas, que permiten dar a conocer el producto a distribuidores y profesionales de la restauración sin necesidad de una estructura comercial propia en el país. Para empresas de aceite de oliva u otros productos agroalimentarios que estén valorando Japón, el modelo de Isbilya —apoyo en premios internacionales y colaboración con cámaras de comercio para actividades de formación y degustación— ofrece una ruta replicable a pequeña escala.
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